domingo 8 de noviembre de 2026
Lecturas del día 8 de noviembre de 2026
Aquí tienes el Evangelio, el salmo y las demás lecturas con la mejor fuente disponible para este día.
Primera lectura
Sab 6, 12-16
Quienes buscan la sabiduría la encuentran
Lectura del libro de la Sabiduría.
Radiante e inmarcesible es la sabiduría,
la ven con facilidad los que la aman
y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa,
pues la encuentra sentada a su puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada
y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro
buscando a los que son dignos de ella;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al encuentro en cada pensamiento.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2b)
Antífona
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
V. Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.
V. ¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.
V. Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.
V. En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.
LECCIONARIO I (A)
DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO [154]
Segunda lectura
1 Tes 4, 13-18
(forma larga)
Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.
No queremos que ignoréis , hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis
como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevar á con él, por
medio de Jesús, a los que han muerto.
Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedemos
hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo
Señor, a la voz del arcángel y al s on de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los
muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los
que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los
aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios.
SEGUNDA LECTURA (forma breve) 1 Tes 4, 13-14
Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.
No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis
como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevar á con él, por
medio de Jesús, a los que han muerto.
Palabra de Dios.
Evangelio
Mt 25, 1-13
¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron
al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes
se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
LECCIONARIO I (A)
DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO [154]
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y
os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él
al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».