La Biblia en 6 viñetas
La parábola del fariseo y el publicano
Lucas 18, 9-14
Dos personas suben al templo a orar, pero sus palabras expresan actitudes muy distintas. El fariseo enumera sus méritos y desprecia al publicano; este reconoce su necesidad y pide misericordia. Jesús cuenta la parábola a quienes se consideran justos y miran por encima del hombro a otros. La pregunta no es quién aparenta más, sino cómo se presenta cada uno ante Dios.
Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.
Leer la descripción del cómic publicado
Descripción de las escenas y sus diálogos, sin transcribir literalmente los bocadillos. El guion bíblico complementario se conserva debajo.
Viñeta 1
Dos hombres entran en el templo: el fariseo va erguido y el publicano camina con la mirada baja.
Viñeta 2
El fariseo enumera sus prácticas religiosas y se compara favorablemente con los demás.
Viñeta 3
El publicano inclina la cabeza, se lleva una mano al pecho y pide la compasión de Dios.
Viñeta 4
El dibujo contrapone las actitudes de ambos mientras unos oyentes comentan que hablar más no garantiza una mejor oración.
Viñeta 5
Jesús explica a sus oyentes que el publicano, y no el fariseo, volvió justificado.
Viñeta 6
El publicano sale con humildad mientras el fariseo queda atrás. La escena recuerda que quien se humilla será enaltecido.
Leer el guion bíblico complementario
Este guion desarrolla el pasaje bíblico. Su distribución de escenas y sus diálogos pueden diferir de la ilustración publicada.
Viñeta 1
Jesús se dirigió a quienes se creían justos y despreciaban a otros.
Jesús habla a un grupo de oyentes diversos y plantea la historia como una advertencia sobre considerarse superior.
Viñeta 2
Dos hombres subieron al templo para orar.
Un fariseo y un publicano suben al templo; ambos tienen apariencia humana digna, sin rasgos étnicos caricaturizados.
Viñeta 3
El fariseo enumeró sus méritos y se comparó con el publicano.
El fariseo ora de pie y recuerda sus prácticas mientras mira hacia el publicano con distancia.
- Fariseo: Ayuno y doy el diezmo; no soy como él.
Viñeta 4
El publicano reconoció su pecado y pidió misericordia.
El publicano permanece algo apartado, con la mirada baja y una mano sobre el pecho, sin gestos de autolesión.
- Publicano: Dios mío, necesito tu compasión.
Viñeta 5
Jesús dijo que el publicano volvió justificado, y el otro no.
Los dos regresan a casa por el camino; la cartela comunica el juicio de Jesús sin aureolas de premio o castigos inventados.
Viñeta 6
Quien se enaltece será humillado; quien se humilla será enaltecido.
Jesús concluye ante los oyentes y el hombre que iba a señalar al vecino escucha ahora con atención.
¿Qué ocurre en este pasaje?
Jesús dirige una parábola a quienes confían en su propia justicia y desprecian a los demás. Cuenta que dos hombres suben al templo para orar. Uno es fariseo y el otro publicano, es decir, recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, da gracias porque se considera distinto de ladrones, injustos y adúlteros, e incluye en su comparación al publicano que tiene cerca. Después recuerda sus prácticas religiosas: ayuna dos veces por semana y paga el diezmo de todo lo que posee. El publicano, en cambio, permanece a distancia. No se atreve a levantar los ojos y se golpea el pecho mientras pide a Dios compasión por su condición de pecador. No ofrece una lista alternativa de méritos ni acusa al otro. Jesús declara que este último vuelve a casa justificado, a diferencia del fariseo. Termina explicando que quien se exalta será humillado y quien se humilla será exaltado. El relato no dice que el ayuno o el diezmo sean malos, ni presenta una descripción de todos los fariseos o de todos los recaudadores. Pone frente a frente dos formas de orar: una convertida en comparación y desprecio, y otra que se abre a recibir misericordia.
¿Qué significa este pasaje?
La parábola cuestiona la autosuficiencia que utiliza incluso la oración para ponerse por encima de otra persona. Las prácticas del fariseo pueden ser buenas, pero su manera de presentarlas termina cerrándolo a la misericordia y al prójimo. El publicano no se justifica por pertenecer a un grupo distinto: reconoce con verdad que necesita a Dios. Ser justificado significa aquí recibir una relación restaurada con él, no ganar un concurso de humildad. Jesús dirige la advertencia a una actitud que cualquiera puede adoptar, también quien lee la historia y se siente mejor que el fariseo. Por eso no debe emplearse para ridiculizar al pueblo judío ni para reducir a una comunidad religiosa a un personaje negativo. La humildad cristiana tampoco consiste en despreciarse o negar el bien que uno hace. Une gratitud, verdad y disponibilidad para cambiar. En la oración cotidiana, este pasaje invita a dejar de llevar la cuenta de las faltas ajenas y a reconocer nuestra necesidad de perdón sin convertirla en desesperación.
¿Qué podemos aprender?
- La oración pierde su sentido cuando se convierte en desprecio de otros.
- Reconocer una falta abre la posibilidad de recibir perdón y cambiar.
- Las buenas prácticas no nos hacen superiores a las demás personas.
- La humildad es vivir en la verdad, no odiarse ni humillarse artificialmente.
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