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La Biblia en 6 viñetas

Jesús y Zaqueo

Lucas 19, 1-10

Zaqueo tiene dinero y autoridad, pero la multitud no le facilita ni un hueco. Como es bajo de estatura, corre y sube a un sicómoro para ver pasar a Jesús. La sorpresa llega cuando Jesús se detiene, lo llama por su nombre y se invita a su casa. La acogida provoca una transformación concreta: Zaqueo decide compartir y devolver lo cobrado injustamente. Su historia une curiosidad, encuentro, reparación y una alegría que no se queda en palabras.

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Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.

Leer texto y descripción de las viñetas
  1. Viñeta 1

    Zaqueo quería ver a Jesús, pero la multitud se lo impedía.

    Jesús entra en Jericó rodeado por una multitud densa; Zaqueo intenta ver desde varias posiciones sin éxito.

    • Zaqueo: Desde aquí, imposible.
  2. Viñeta 2

    Corrió y subió a un sicómoro.

    Zaqueo corre por delante con dignidad olvidada y trepa a un gran sicómoro junto al camino.

    • Zaqueo: Plan B: vista desde arriba.
  3. Viñeta 3

    Jesús lo llamó por su nombre.

    Jesús se detiene bajo el árbol, mira a Zaqueo con calidez y la multitud también levanta la cabeza.

    • Jesús: Zaqueo, baja. Hoy quiero quedarme en tu casa.
  4. Viñeta 4

    Zaqueo recibió a Jesús con alegría.

    Zaqueo baja deprisa y recibe a Jesús con alegría mientras algunas personas murmuran al fondo.

    • Zaqueo: Mi casa está abierta.
  5. Viñeta 5

    El encuentro se convirtió en una decisión concreta.

    Dentro de la casa, Zaqueo se pone en pie ante Jesús, familiares y vecinos y señala bolsas separadas para pobres y restituciones.

    • Zaqueo: Compartiré y devolveré lo cobrado injustamente.
  6. Viñeta 6

    La salvación llegó a su casa y abrió una vida nueva.

    Zaqueo acompaña a Jesús a la puerta mientras fuera empieza a entregar bienes y hablar con personas perjudicadas.

    • Jesús: He venido a buscar y salvar lo perdido.

¿Qué ocurre en este pasaje?

Jesús entra en Jericó y atraviesa la ciudad rodeado de mucha gente. Allí vive Zaqueo, jefe de recaudadores de impuestos y hombre rico. Su profesión lo hace impopular: los publicanos colaboran con la administración romana y pueden enriquecerse cobrando más de lo debido. Zaqueo quiere ver quién es Jesús, pero la multitud se lo impide porque es bajo de estatura. Sin preocuparse por la imagen que ofrece un personaje importante, corre por delante y sube a un sicómoro situado junto al camino. Cuando Jesús llega al lugar, mira hacia arriba, lo llama por su nombre y le pide que baje pronto, pues desea alojarse en su casa. Zaqueo desciende deprisa y lo recibe con alegría. La multitud murmura porque Jesús ha entrado en casa de un pecador. En medio del encuentro, Zaqueo se pone en pie y anuncia una decisión verificable: dará la mitad de sus bienes a los pobres y, si ha defraudado a alguien, devolverá cuatro veces la cantidad. Jesús declara que la salvación ha llegado a esa casa, pues Zaqueo también es hijo de Abraham. Concluye explicando su misión: buscar y salvar lo que estaba perdido. El relato no detalla la comida; concentra la atención en una acogida que rompe el aislamiento y produce justicia concreta.

¿Qué significa este pasaje?

Jesús ve a Zaqueo antes de que la multitud consiga reducirlo a su reputación. Lo llama por su nombre y se acerca sin exigir una puesta en escena previa, pero esa acogida no deja todo igual. Zaqueo responde pasando de la curiosidad a la conversión económica. Compartir con los pobres y restituir multiplicado reconoce que el daño no se repara solo con sentirse arrepentido. La gracia precede a la reforma de su vida y, precisamente por eso, la hace posible. La multitud también queda interpelada. Considera escandaloso que Jesús entre en aquella casa y puede preferir que el pecador permanezca identificado para siempre con su pasado. Jesús recupera su pertenencia al llamarlo hijo de Abraham. Para la vida cristiana, el relato invita a crear encuentros que permitan cambiar sin silenciar a quienes han sufrido un perjuicio. Perdonar no elimina la restitución; la inspira. También recuerda que ninguna posición, estatura o mala fama impide empezar a buscar. A veces el primer gesto de conversión es tan poco solemne como trepar a un árbol para ver mejor.

¿Qué podemos aprender?

  • La curiosidad sincera puede ser el primer paso hacia un encuentro transformador.
  • Acoger a una persona no significa aprobar todo lo que ha hecho.
  • La conversión real incluye compartir y reparar los daños concretos.
  • Nadie debe quedar encerrado para siempre en la etiqueta de su pasado.

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