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La Biblia en 6 viñetas

Moisés y la zarza ardiente

Éxodo 3, 1-15

Moisés cuida el rebaño de su suegro cuando ve una zarza en llamas que no se consume. Se acerca y escucha que el lugar es sagrado. Dios se presenta como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, afirma haber visto la opresión de Israel y lo envía ante el faraón. Moisés responde con dudas. La vocación nace así entre una necesidad real, una presencia que llama por el nombre y una promesa decisiva: Dios estará con él.

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Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.

Leer texto y descripción de las viñetas
  1. Viñeta 1

    Moisés cuidaba el rebaño en el desierto.

    Moisés guía el rebaño por un paisaje desértico hacia el monte Horeb durante una jornada ordinaria.

    • Moisés: Buscaremos pasto junto a la montaña.
  2. Viñeta 2

    Vio una zarza en llamas que no se consumía.

    Una zarza arde con fuego luminoso sin consumirse; Moisés se detiene a distancia y observa con asombro.

    • Moisés: Tengo que acercarme a ver.
  3. Viñeta 3

    Dios lo llamó por su nombre en suelo sagrado.

    Moisés escucha la llamada desde la luz de la zarza y se quita las sandalias con reverencia, sin representar a Dios como humano.

    • Voz: Moisés, Moisés.
    • Moisés: Aquí estoy.
  4. Viñeta 4

    Dios había visto, oído y conocido el sufrimiento de Israel.

    Imágenes sugeridas dentro de la luz muestran al pueblo trabajando oprimido en Egipto mientras Moisés escucha.

    • Voz: He bajado para liberarlo.
  5. Viñeta 5

    Moisés recibió la misión y expresó sus dudas.

    Moisés señala humildemente hacia sí mismo ante la zarza mientras al fondo se sugiere el largo camino hacia Egipto.

    • Moisés: ¿Quién soy yo para ir al faraón?
    • Voz: Yo estaré contigo.
  6. Viñeta 6

    La llamada se convirtió en un camino de liberación.

    Moisés vuelve a calzarse y se pone en camino con el rebaño; la zarza continúa viva y luminosa detrás.

    • Moisés: Entonces tendré que regresar a Egipto.

¿Qué ocurre en este pasaje?

Moisés pastorea las ovejas de Jetró, su suegro y sacerdote de Madián. Conduce el rebaño más allá del desierto y llega al Horeb, la montaña de Dios. Allí se le aparece el ángel del Señor en una llama que sale de una zarza. Moisés observa que el arbusto arde, pero no se consume, y decide acercarse para comprender aquel fenómeno. Cuando Dios ve que se aproxima, lo llama por su nombre desde la zarza. Moisés responde. Dios le ordena no acercarse más y quitarse las sandalias, porque pisa suelo sagrado. Se identifica como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Moisés se cubre el rostro. Dios explica que ha visto la opresión de su pueblo en Egipto, ha oído sus gritos y conoce sus sufrimientos. Anuncia que ha descendido para liberarlo y llevarlo a una tierra buena. Después incorpora a Moisés a esa acción: lo envía ante el faraón para sacar a los israelitas. Moisés pregunta quién es él para cumplir semejante misión. Dios no responde elogiando sus capacidades, sino prometiendo estar con él y ofreciendo una señal futura: el pueblo dará culto en aquella montaña. Moisés pregunta qué nombre debe comunicar a los israelitas. Recibe el misterioso nombre vinculado a ser y estar, y la indicación de presentarlo como el Dios de sus antepasados. La misión comienza con escucha, reverencia y compañía.

¿Qué significa este pasaje?

Dios llama a Moisés en medio de un trabajo ordinario y dirige su atención hacia una realidad que arde sin quedar destruida. El suelo se vuelve sagrado no porque Moisés abandone el mundo, sino porque la presencia divina lo envía de nuevo hacia el sufrimiento de un pueblo. Dios ve, oye y conoce la opresión; la vocación de Moisés nace como participación en esa compasión liberadora. Sus dudas no son ocultadas. Pregunta quién es él, y la respuesta principal no es una lista de talentos: es la promesa de presencia. Esto evita entender la vocación como hazaña individual. Moisés deberá ir, hablar y asumir riesgos, pero no actuar solo ni para engrandecerse. El nombre revelado conserva misterio y comunica fidelidad: el Dios de los antepasados estará activo en la historia. Para la vida cristiana, la escena invita a prestar atención, reconocer terrenos sagrados, escuchar el clamor de quienes sufren y discernir qué paso concreto nos corresponde. La humildad auténtica puede expresar incapacidad sin convertirla en excusa permanente para no responder.

¿Qué podemos aprender?

  • Dios puede llamar en medio de tareas ordinarias y lugares aparentemente secundarios.
  • La vocación comienza al escuchar el sufrimiento que Dios ya ve y conoce.
  • Reconocer los propios límites es sano si no se convierte en huida constante.
  • La promesa de la presencia de Dios sostiene una misión que supera las fuerzas individuales.

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