La Biblia en 6 viñetas
Pentecostés y la venida del Espíritu Santo
Hechos 2, 1-13
Los discípulos están reunidos el día de Pentecostés cuando un ruido semejante a un viento llena la casa y aparecen lenguas como de fuego sobre cada uno. Todos reciben el Espíritu Santo y comienzan a hablar en otras lenguas. Peregrinos llegados a Jerusalén desde regiones muy diversas los entienden en su propio idioma. La escena no borra las diferencias; crea comunicación en medio de ellas. Pentecostés marca el impulso misionero de la Iglesia y contrasta con la incomunicación de Babel.
Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.
Leer texto y descripción de las viñetas
Viñeta 1
La comunidad estaba reunida el día de Pentecostés.
Los discípulos y discípulas están reunidos en oración dentro de una casa de Jerusalén, con María integrada en la comunidad sin protagonismo inventado.
- Discípula: Seguimos esperando juntos.
Viñeta 2
Un ruido como de viento llenó toda la casa.
Un movimiento de aire llena la habitación, agita mantos y cortinas y sorprende a todos sin causar destrucción.
- Discípulo: ¿Quién ha abierto todas las ventanas?
Viñeta 3
El Espíritu Santo llenó a cada uno.
Lenguas luminosas como de fuego se reparten y reposan sobre cada persona, con expresiones de asombro y alegría.
- Discípulo: Este fuego no quema.
Viñeta 4
Comenzaron a hablar en otras lenguas.
La comunidad sale y comienza a anunciar las maravillas de Dios en varias lenguas ante peregrinos diversos.
- Discípulo: ¡Las maravillas de Dios son para todos!
Viñeta 5
Cada persona los oía en su propia lengua.
Peregrinos de muchos lugares se señalan sorprendidos y se escuchan unos a otros con respeto en una plaza viva.
- Peregrina: ¡Yo también lo entiendo!
Viñeta 6
La Iglesia recibió impulso para anunciar hasta los confines de la tierra.
La comunidad permanece ante la multitud; algunos preguntan con interés y otros dudan, mientras una senda abierta sugiere la misión futura.
- Multitud: ¿Qué significa esto?
¿Qué ocurre en este pasaje?
Al llegar el día de Pentecostés, los discípulos se encuentran reunidos en un mismo lugar. De repente, un ruido parecido al de un viento impetuoso viene del cielo y llena toda la casa. Aparecen lenguas como de fuego, que se reparten y se posan sobre cada uno. Todos quedan llenos del Espíritu Santo y empiezan a hablar en otras lenguas según el Espíritu les concede expresarse. En Jerusalén viven o se encuentran judíos piadosos procedentes de muchas naciones. Al oír el ruido, se reúne una multitud. Cada persona escucha a los discípulos hablar en su propio idioma y queda desconcertada, pues reconoce que quienes hablan son galileos. Hechos enumera pueblos y regiones de oriente y occidente, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Egipto, Roma y otros lugares, además de judíos y prosélitos. Todos oyen anunciar en sus lenguas las maravillas de Dios. La diversidad permanece: no reciben un idioma uniforme, sino comprensión dentro de sus lenguas maternas. La multitud reacciona de distintos modos. Unos se asombran y se preguntan qué significa lo ocurrido; otros se burlan y sugieren que los discípulos han bebido demasiado vino. El fragmento termina con esa pregunta abierta, justo antes de que Pedro tome la palabra para explicar el acontecimiento. El Espíritu ha convertido un grupo reunido y temeroso en una comunidad capaz de comunicar públicamente.
¿Qué significa este pasaje?
Pentecostés manifiesta al Espíritu Santo como don que llena, mueve y crea comunión. El viento y el fuego evocan la presencia de Dios en la historia bíblica, pero las lenguas repartidas subrayan que cada persona recibe participación; la misión no queda reservada a una élite. El primer fruto visible es una comunicación que alcanza a gente diversa. A diferencia de una uniformidad impuesta, el milagro honra las lenguas de origen: cada peregrino escucha en la suya. Por eso Pentecostés puede leerse como respuesta a Babel. La diversidad no desaparece; deja de ser obstáculo cuando el anuncio se orienta a las maravillas de Dios y el Espíritu hace posible escucharse. La burla final recuerda que incluso un signo claro admite rechazo y malinterpretación. Para la Iglesia, Pentecostés marca una identidad misionera: salir, hablar de modo comprensible y acoger múltiples pueblos sin exigir que abandonen todo rasgo propio. Para cada cristiano, recibir el Espíritu implica transformar capacidades y palabras en servicio, unidad y testimonio, evitando tanto el silencio por miedo como el ruido que nadie puede entender.
¿Qué podemos aprender?
- El Espíritu Santo convierte una comunidad reunida en una comunidad enviada.
- La comunión cristiana respeta las diferencias y busca hacerse comprensible.
- Los dones se reparten para anunciar y servir, no para crear superioridad.
- Una misión fiel necesita valentía para hablar y humildad para escuchar cada lengua.
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