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La Biblia en 6 viñetas

La parábola del buen samaritano

Lucas 10, 25-37

Un experto en la Ley pregunta a Jesús quién es su prójimo. Jesús responde con una historia incómoda: dos personas respetadas pasan de largo ante un herido, mientras un samaritano, perteneciente a un grupo despreciado por muchos judíos de la época, se detiene. La parábola no ofrece una definición para memorizar; coloca al oyente junto al camino y le pregunta qué hará ante el sufrimiento que tiene delante.

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Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.

Leer texto y descripción de las viñetas
  1. Viñeta 1

    Un hombre preguntó a Jesús quién era su prójimo.

    Jesús conversa con un maestro de la Ley rodeado de oyentes atentos en un camino de aldea.

    • Maestro: ¿Dónde está el límite?
    • Jesús: Escucha esta historia.
  2. Viñeta 2

    Un viajero quedó herido junto al camino.

    En el camino rocoso de Jerusalén a Jericó, un viajero yace herido y sin equipaje después del ataque; los ladrones se alejan al fondo.

    • Viajero: ¿Puede ayudarme alguien?
  3. Viñeta 3

    Dos viajeros lo vieron, pero pasaron de largo.

    Un sacerdote y después un levita ven al herido desde lejos y cruzan al otro lado del sendero.

    • Levita: Voy con muchísima prisa.
  4. Viñeta 4

    Un samaritano se conmovió y se acercó.

    Un samaritano se arrodilla junto al herido, limpia sus heridas y coloca vendas con cuidado.

    • Samaritano: No estás solo.
  5. Viñeta 5

    Lo llevó a un lugar seguro y cuidó de él.

    El samaritano camina sujetando las riendas mientras el herido viaja sobre el burro hacia una posada iluminada.

    • Posadero: Prepararé una habitación.
  6. Viñeta 6

    Prójimo fue quien practicó la misericordia.

    De vuelta con sus oyentes, Jesús invita al maestro a actuar; al fondo se evoca al herido recuperándose en la posada.

    • Jesús: Ve y haz tú lo mismo.

¿Qué ocurre en este pasaje?

Un maestro de la Ley pone a prueba a Jesús preguntándole qué debe hacer para heredar la vida eterna. Ambos recuerdan el mandato de amar a Dios y al prójimo, pero el hombre insiste: quiere saber exactamente quién entra en la categoría de prójimo. Jesús cuenta entonces que un viajero bajaba de Jerusalén a Jericó cuando unos ladrones lo atacaron, le quitaron sus pertenencias y lo dejaron medio muerto. Por el mismo camino pasó un sacerdote; vio al herido y continuó por el otro lado. Después llegó un levita y también siguió adelante. Finalmente apareció un samaritano. Aunque entre samaritanos y judíos existía una fuerte enemistad, al verlo se conmovió. Se acercó, limpió y vendó sus heridas, lo montó en su propia cabalgadura y lo llevó a una posada. Allí cuidó de él durante la noche. Al día siguiente entregó dinero al posadero y prometió pagar cualquier gasto adicional a su regreso. Jesús termina cambiando la dirección de la pregunta: no pide identificar qué personas merecen ser llamadas prójimo, sino reconocer cuál de los tres se hizo prójimo del herido. El maestro responde que fue quien practicó la misericordia, y Jesús lo invita a hacer lo mismo.

¿Qué significa este pasaje?

La parábola rompe las fronteras cómodas del amor. El samaritano no ayuda porque el herido pertenezca a su grupo, pueda devolverle el favor o cumpla una condición; actúa porque el sufrimiento de una persona reclama cercanía. Jesús tampoco convierte la compasión en un sentimiento vago. El samaritano ve, se acerca, cura, transporta, acompaña, paga y se compromete a volver. La misericordia requiere tiempo, recursos y cierta interrupción de la propia agenda. El sacerdote y el levita quizá tuvieran explicaciones, pero el relato no las usa para justificar su distancia. Para los cristianos, hacerse prójimo significa permitir que la necesidad ajena modifique nuestros planes, especialmente cuando quien sufre es desconocido o pertenece a un grupo mirado con recelo. También supone ayudar con prudencia: el samaritano no improvisa únicamente un gesto emotivo, sino que busca un lugar seguro y asegura la continuidad del cuidado. Jesús desplaza la atención del límite de nuestra obligación a la creatividad concreta del amor.

¿Qué podemos aprender?

  • El prójimo no es solo quien se parece a nosotros, sino quien necesita cercanía.
  • La compasión verdadera se convierte en acciones concretas y sostenidas.
  • Una agenda importante nunca vuelve irrelevante el dolor que encontramos.
  • Ayudar bien incluye buscar seguridad y continuidad, no solo un gesto rápido.

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