La Biblia en 6 viñetas
Jesús calma la tormenta
Marcos 4, 35-41
Después de enseñar a la multitud, Jesús propone cruzar el lago al caer la tarde. Él duerme en la barca cuando una tormenta llena todo de agua y miedo. Varios discípulos conocen bien aquel lago, pero ni su experiencia basta. Al despertarlo, Jesús calma el viento y pregunta por su fe. La escena no ridiculiza el temor: muestra que incluso quienes caminan con Jesús pueden sentirse desbordados y necesitan aprender a confiar en medio de lo que no controlan.
Los diálogos son una adaptación editorial; no son citas literales de la Biblia.
Leer texto y descripción de las viñetas
Viñeta 1
Jesús propuso cruzar a la otra orilla.
Al atardecer, Jesús y los discípulos suben a una barca para cruzar el lago después de un día entre multitudes.
- Jesús: Pasemos al otro lado.
Viñeta 2
Jesús, cansado, se quedó dormido.
Jesús duerme en la popa mientras nubes negras se reúnen y los primeros golpes de viento hinchan la vela.
- Discípulo: Tiene el sueño muy profundo.
Viñeta 3
La tormenta llenó la barca de agua y miedo.
Grandes olas entran en la barca; los discípulos achican agua, bajan la vela y luchan por mantener el rumbo.
- Pedro: ¡Todos a achicar!
Viñeta 4
Los discípulos pidieron ayuda a Jesús.
Los discípulos despiertan a Jesús; él se incorpora sereno en medio del caos sin ser objeto de burla.
- Discípulos: ¿No te importa que nos hundamos?
Viñeta 5
Jesús mandó callar al viento y llegó la calma.
Jesús se mantiene firme en la barca, alza una mano y el viento cae; el agua pasa de violenta a completamente serena.
- Jesús: Silencio. Cálmate.
Viñeta 6
La calma dejó una pregunta aún mayor.
Bajo un cielo despejado, los discípulos miran a Jesús con asombro mientras la barca vuelve a avanzar.
- Discípulo: ¿Quién es este, que hasta el mar le obedece?
¿Qué ocurre en este pasaje?
Al terminar un día de enseñanza junto al lago, Jesús pide a sus discípulos que crucen a la otra orilla. Ellos dejan a la multitud y parten con él en la barca; otras embarcaciones los acompañan. Jesús, cansado, se duerme en la popa sobre un cabezal. De pronto se levanta un fuerte temporal. Las olas golpean la embarcación y entra tanta agua que comienza a llenarse. Los discípulos, algunos pescadores acostumbrados al lago de Galilea, no consiguen dominar la situación. Despiertan a Jesús con una queja angustiada, preguntando si no le importa que estén a punto de perecer. Jesús se incorpora, reprende al viento y ordena al mar que se calme. El viento cesa y llega una gran calma. Entonces se vuelve hacia ellos y pregunta por qué tienen miedo y cómo es que todavía no confían. Los discípulos pasan del temor a la tormenta a un asombro más profundo. Se preguntan quién es Jesús, pues hasta el viento y el mar le obedecen. Marcos no cuenta que la travesía se cancele: la barca puede continuar hacia la otra orilla. El relato muestra a un Jesús verdaderamente cansado, capaz de dormir, y al mismo tiempo con una autoridad que, en el lenguaje bíblico, pertenece a Dios sobre las fuerzas caóticas del mar.
¿Qué significa este pasaje?
La presencia de Jesús en la barca no impide que aparezca la tormenta. El discipulado no es una garantía de trayectos sin peligro, cansancio o confusión. La pregunta angustiada de los discípulos expresa una experiencia común: cuando Dios parece silencioso, el miedo interpreta ese silencio como falta de cuidado. Jesús atiende la emergencia y después trabaja la raíz del pánico. Su llamada a la fe no exige negar las olas, sino reconocer que el miedo no debe decidir por completo cómo actuamos ni quién creemos que está con nosotros. La escena también revela progresivamente la identidad de Jesús. Los discípulos ya lo conocen como maestro, pero el dominio sobre viento y mar abre una pregunta mayor. La calma exterior conduce a una búsqueda interior. Para los cristianos, este pasaje anima a pedir ayuda con sinceridad, cooperar con los recursos disponibles y recordar la presencia de Cristo cuando la situación supera la propia experiencia. Confiar no equivale a exponerse imprudentemente ni a despreciar medidas de seguridad; significa atravesar la crisis sin confundir el peligro con abandono definitivo.
¿Qué podemos aprender?
- La fe no evita todas las tormentas, pero cambia cómo las atravesamos.
- Pedir ayuda con sinceridad es compatible con una confianza que todavía está creciendo.
- La experiencia técnica puede necesitar apoyo cuando una situación la desborda.
- Después de resolver la urgencia conviene atender también el miedo que ha quedado dentro.
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